El Regalo Perfecto 2

Me despertó la alarma, era un frío sábado de diciembre, el cielo estaba cubierto de nubes.  El día anterior mi bebé había pasado con temperaturas altas y la había tenido que llevar con el doctor. Incluso tuve que faltar al trabajo ese día ya que mi esposo estaba de viaje trabajando.

No obstante, me había comprometido a participar como voluntaria en una actividad de mi comunidad ese mismo sábado.

Antes de acostarme pensé en que si mi hija no pasaba una buena noche, entonces tendría que cancelar mi actividad del sábado.  A pesar de todo, esa noche mi hija durmió bien, ya no tuvo fiebre y además en mi interior tenía un sentimiento, un sentimiento que no me dejaba en paz y que me decía que debía ir a ese lugar.

Salí de casa algo preocupada pero cuando iba de camino, miré a mi lado izquierdo y había un arco iris dibujado en el cielo con el cual sentí que Dios me decía que todo iba a estar bien.  Sentí paz en mi corazón y continué mi camino confiada en que así sería.

No sabía a lo que iba, era como ir vendada de los ojos, tenía curiosidad y emoción a la vez.

Después de 45 minutos de viaje llegué al lugar de reunión, el día seguía bastante frío y el viento quemaba la piel. Esperamos a la persona que nos llevaría hasta nuestro destino.  Condujimos durante 15 minutos más y por fin llegamos al lugar.

Seguía nerviosa, sin saber que esperar, solamente viviendo el momento.  Una persona nos llevó al lugar en donde se realizaría la actividad.  Todos los voluntarios ayudamos a bajar las bolsas que contenían regalos especiales para niños de escasos recursos, las ordenamos por edad y sexo, y esperamos con paciencia la llegada de los niños.

De pronto empezaron a entrar filas de niños y niñas, ordenados por estatura, se notaba que se habían esmerado en arreglarse para nosotros.  Todas las niñas llevaban una blusa rosada que tenía impresa la famosa frase

“Si lo puedes soñar, lo puedes lograr”

Walt Disney 

En cuanto leí la frase, mi corazón empezó a palpitar fuertemente. De pronto, una niña me llamó “mamá” y me pidió que me sentara a su lado.

Me preguntó qué hacíamos ahí y qué había en las bolsas.  Yo le respondí, que habíamos llegado a compartir un tiempo con ellos y que en las bolsas iban regalos especiales para cada uno. Ella sonrió y me abrazó.  Su nombre era Lety.  Yo tenía un nudo en la garganta.

Otras niñas también me llamaban mamá y me preguntaban si me gustaba como estaban arregladas.  Cada vez que les decía un cumplido se ponían felices y sonreían.

Luego se realizó una actividad con todos los niños presentes, se hicieron juegos, cantos y se les transmitió una película que habla de Jesús.  Todos participaron contentos, entusiasmados y sonrientes.

El momento más impactante fue cuando se repartieron los regalos. A cada niño se le entregó una caja que contenía seis artículos especiales, pero muchas de ellas llevan artículos adicionales ya que cada donante se esmera en preparar lo que regalará.

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Se les dijo que nadie debía abrir la caja, hasta que todos tuvieran la propia y a la cuenta de diez, todos empezaron ilusionados a destapar sus regalos.  Recuerdo que había música de fondo, sonrisas, lágrimas, otros saltaban al ver lo que había dentro.

Todos me mostraban contentos sus regalos y sus ojos brillaban, sus rostros se iluminaron tanto que simplemente no lo podían creer.  No tengo palabras para describir mis sentimientos.  No tengo palabras que puedan dar a entender lo que se siente dar amor al que lo necesita.

Cada vez que lo cuento y lo recuerdo, mis ojos se siguen llenando de lágrimas y mi corazón se encoje de tristeza. Muchos de ellos no reciben un solo regalo durante el año, otros no tienen padres, otros ni siquiera tienen familiares que los lleguen a ver porque están en ese hogar por situaciones legales.

Cuando todos los niños dejaron el salón, un silencio profundo invadió el lugar, ninguno de los voluntarios podíamos decir una palabra, nos quedamos sumergidos en nuestros pensamientos y yo no podía dejar de derramar mis lágrimas.

No puedo dejar de pensar en sus caritas, ellos me hicieron comprender de una manera cruda lo dichosa que soy al haber tenido los padres que tengo, que debo agradecer cada cosa que poseo, cada día en el que puedo abrir mis ojos y vivir mi vida.

Ahora comprendo en carne propia que el dar es mejor que el recibir, porque en el dar se llena el corazón, lo cual es mas gratificante que recibir.  Aunque cuando das al necesitado es indescriptible la sensación de satisfacción que te invade.

¿Alguna vez has participado como voluntario?

Deja tu comentario abajo, me encantaría saber lo que opinas.


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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Montsar dice:

    Qué experiencia tan mágica!!! Qué puedas hacer felices a muchos más niños como esos!! Besos

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    1. Raquel dice:

      Gracias!!! Si, fue algo enriquecedor y me dejó con deseos de ayudar más. Abrazos! 🙂

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  2. LF dice:

    Hola felicidades por eso. Aveces la gente se queja por muchas cosas que no vale nada y nunca se ponen a pensar que atras de uno hay personas con mucha necesidad y no muy afortunada. DIOS TE BENDIGA por compartir un poco de amor para Niños y ten seguro que ellos nunca olvidaran esa emosicion de recibir un regalo. 🌈

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    1. Raquel dice:

      Así es!! A veces estamos tan enfrascados en nuestros problemas y no nos damos cuenta que otras personas tienen peores. Gracias por comentar!

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